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¿Sabrías definir la inteligencia? ¿Qué hace a los humanos ser más listos que otros simios o que los delfines? ¿Puede ser inteligente una máquina? En ese caso, ¿qué tiene que cumplir? Aquellos interesados en resolver estas y otras dudas no deben perderse la exposición ‘Más allá de 2001: Odiseas de la inteligencia’.

Nos hemos acercado al centro de Madrid para visitar esta muestra de ciencia ficción y ciencia real, y os traemos una visita virtual para quien no pueda acercarse a la misma. Stanley Kubrick plasmó en ‘2001: Una odisea del espacio’ (1968) una de las ideas germen que nos relaciona hoy día con las máquinas: ¿Podemos fiarnos de la inteligencia artificial? ¿Tendremos su control?

HAL 9000, la IA que quería vivir

La mayoría de los lectores conocen a HAL 9000, la inteligencia artificial que pensaba e interactuaba con los exploradores de la Discovery. Su ojo rojo sigue inspirando miedo, porque sabemos cómo acabó el desarrollo de su inteligencia. Como el J.A.R.V.I.S. de Iron ManHAL 9000 era una máquina capaz de pensar y tomar decisiones que, en la película, pasaban por encima de los humanos.

La IA, programada para una misión muy específica, vio a los humanos que la acompañaban como un obstáculo, que, además, pretendían desconectarla en determinado momento. La Skynet de ‘Terminator’ (1984) se inspiró en HAL, así como la inteligencia artificial VIKI, de ‘Yo, robot’ (2004). Ninguna de esas inteligencias quiere morir o dejar de existir. Tampoco los humanos.

Volviendo a la primera pregunta, quizá una inteligencia, artificial u orgánica, sea aquella que es consciente de que no quiere dejar de existir. En la imagen superior observamos dos grandes hitos de la humanidad: el uso de herramientas simples y la construcción de la bomba atómica. El inicio y un posible final de los sistemas inteligentes, que no dejan de evolucionar.

Hace siglos Nietzsche se preguntaba “qué es el mono para el ser humano”, y quizá deberíamos empezar a preguntarnos “qué es el homo sapiens sapiens para una IA”. La teoría de la evolución hizo que apareciésemos hace muchos miles de años, y hay pensadores que creen que nosotros estamos construyendo el próximo gran salto evolutivo: una máquina consciente que quiere vivir.

Un cerebro-máquina actualizado

En un panel de la exposición podemos observar los dibujos originales que Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina, realizó tras mirar y estudiar gracias al microscopio muchas secciones cerebrales. Se le considera el padre de la neurociencia y, curiosamente, definió el cerebro humano como un procesador de información.

Esto es muy relevante, ya que la mente está en el cerebro, y la consciencia es un reflejo de los procesos cerebrales inconscientes a la que tenemos acceso. Esto significa que las máquinas podrían llegar a pensar, siempre y cuando procesen información como lo hacemos nosotros. La teoría de la evolución dice que somos, como una neurona externa, la última ramificación animal. Quizá no haya muchas más ramas, y las próximas del árbol de la vida sean mecánicas.

“Necesitamos urgentemente un experto en informática”

El lector se habrá dado cuenta de que en la exposición se entremezclan la ciencia del momento y la ciencia ficción. Durante el rodaje de ‘2001: Una odisea del espacio’, el director Stanley Kubrick escribió a IBM una carta:

“Necesitamos urgentemente un experto en informática que pueda estar aquí y aconsejar sobre el diálogo y la jerga a emplear en las escenas con ordenadores. Debe ser alguien con la mirada puesto en el futuro de la informática, no alguien chapado a la antigua”.

Arriba podemos ver la “centrifugadora” que Kubrick fabricó para simular una nave en rotación de tipo Cilindro de O’Neil. En el espacio no hay gravedad, pero se puede simular gracias a que esta es indistinguible de la aceleración que sufren los objetos situados en las paredes de un cilindro que gira.

Kubrick no solo se informó de las posibilidades físicas en las que podía grabar su universo: también quería asesoramiento de los futurólogos mejor informados de la épocaLa IA se había inventado en 1956, y él buscaba demostrar sus posibilidades. Quería, ante todo, aprender de un modo diferente para poder llevar el futuro a la pantalla. Especialmente cuando se trataba de HAL 9000…

HAL 9000 fue una IA completa

Si la muestra ha usado a HAL en lugar de a otra inteligencia artificial del cine es, precisamente, por cómo Kubrick se informó al respecto. Esta inteligencia artificial era capaz de realizar todas las tareas que hoy asignamos a una IA:

  • Visión artificial. ¿Quién no recuerda el ojo rojo que veía todo en la nave? Los sentidos humanos pueden ser copiados por las máquinas.
  • Redes neuronales artificiales. HAL 9000 podía procesar información como las personas porque usaba RNA.
  • Aprendizaje automático. Los algoritmos de esta máquina estaban preparados para aprender sin supervisión humana.
  • Sistemas expertos. HAL 9000 era un gran jugador de ajedrez porque sabía lo mismo que el mejor jugador del mundo.
  • Procesamiento del lenguaje natural. Es la habilidad de las máquinas para entender el habla humana en lugar de un lenguaje digital.
  • Procesamiento del habla. HAL no solo podía hablar, sino escuchar e incluso leer labios.
  • Razonamiento. Por desgracia para los protagonistas, esta IA razonaba y resolvía problemas complejos deduciendo.
  • Planificación. En base a todo esto, HAL 9000 también era capaz de alcanzar un objetivo al concatenar acciones.

Aunque no se ve en la película, sí se intuye que la inteligencia había aprendido las bases de cómo funcionaba el mundo. Probablemente donde fue programada. Hoy día podemos copiar una IA, pero nos cuesta transferir inteligencia de una a otra, algo que los humanos trivializamos mientras tomamos un café.

Arriba se muestran los planos para construir un autómata ajedrecista. HAL 9000 se adelantó a la victoria de Deep Blue sobre Kaspárov. En el estreno de la película, el grueso de los espectadores pensaban que se trataba de simple ciencia ficción, pero Kubrick había hablado con los mejores programadores y científicos de su tiempo para plasmarlo. Tiempo después, la máquina vendía al hombre.

¿Cómo piensan y deciden las máquinas?

¿Cómo pudo Deep Blue ganar a Kaspárov? La culpa de todo la tienen los árboles de decisión y la potencia de cálculo. En una pared de la exposición podemos ver diferentes árboles de decisión: el del juego del ajedrez, el del juego de Kaspárov, y el árbol de decisión simplificado para la RNA.

Podemos deducir que las personas también tenemos árboles de decisión. Somos un tipo diferente de máquina, una máquina biológica, y es gracias a ello que podemos “repararnos” (curarnos) y aumentar nuestra esperanza de vida. Gracias a esos árboles de decisión que imitan el comportamiento humano, las inteligencias artificiales son capaces incluso de pintar como nosotros.

En la muestra podemos ver muchos ejemplos de arte creado por robots: el cuadro “pintado” por la IA The Next Rembrandt o un número importante de retratos dibujados “a mano” por un brazo robótico conectado a una cámara. El número de tareas puramente humanas sigue reduciéndose a medida que las máquinas ganan en competencias.

También podemos escuchar melodías compuestas íntegramente por máquinas e incluso jugar a adivinar quién ha compuesto un poema. ¿Una máquina o un humano? No siempre es fácil…

Máquinas militarizadas y el peligro de que HAL piense

Una de las competencias que más miedo nos da ceder a las máquinas es la capacidad de hacer daño a las personas. Incluso la capacidad de matar. Las tres leyes de la robótica que Isaac Asimov desarrolló estipulan que una máquina no puede decidir matar a otra; sin embargo, la tecnología para ello está lista: solo nos protegen las leyes (humanas).

En la imagen de arriba, una formación de drones militares vuela en busca de su objetivo, que neutraliza mediante bombas. Justo al lado, un panel informativo muestra la Carta abierta a la Convención de las Naciones Unidas sobre ciertas armas convencionales. Es importante no delegar la decisión de hacer daño a las máquinas, así como educarlas en la moral humana. Al menos en la que todos compartimos.

Es por eso por lo que los desarrollos de inteligencia artificial no solo necesitan programadores. También hacen falta filósofos, futurólogos, sociólogos, profesores, psicólogos, etc. Fabricar máquinas que piensen por sí mismas no tiene por qué ser un problema —podemos realizar una comparación con nuestros hijos—, pero este aparece cuando los criamos mal o ignoramos enseñarles valores. Especialmente si evolucionan rápido.

Las máquinas avanzan más rápido que los humanos

Los seres humanos usamos el mismo cerebro que tenían los cazadores-recolectores hace cientos de miles de años. Los ritmos biológicos son lentos, y es por eso por lo que las máquinas ya nos han superado en determinadas habilidades, como la detección de objetos. No todas las IA, pero sí las más desarrolladas comparadas con el desempeño humano medio.

No quedará lejos el momento en que las máquinas puedan responder con la precisión de cualquier humano. Entonces el test de Turing original será completamente superado. La traducción automática, el reconocimiento del habla y la escritura son tres habilidades relacionadas para las que los humanos tenemos una década de ventaja, de forma aproximada.

Tras ello, quizá, los que nos dedicamos a juntar palabras debamos buscar otro trabajo, aunque podemos ver inteligencia artificial en todos los sectores de actividad y los humanos tampoco tendremos muchos nichos en los que guarecernos. Los primeros que notarán los cambios en sus negocios serán los conductores. Muchas ciudades del mundo ya están probando taxis robot.

Internet no tiene botón de apagado

Decía un proyecto de informe del Parlamento Europeo propuesto en 2017 que era necesario programar un “botón de la muerte” en máquinas avanzadas e inteligentes, a fin de poder tener el control en todo momento. Hoy día, los usuarios del Huawei P20 Pro o del Huawei Mate20 Pro tienen en su poder una inteligencia artificial capaz de realizar retoques a nivel profesional y en tiempo real según se está disparando la fotografía. El procesador Kirin se encarga de “pensar” en local.

Sin embargo, las primeras inteligencias artificiales en red han visto la luz hace años. Google, sin ir más lejos, usa IA en su buscador. La inteligencia artificial está en todas partes y, como dice Javier Serrano, autor de ‘Un mundo robot’, “no hay un botón para apagar internet”.

Tras estos dilemas, la exposición se cierra con la opinión de varios expertos mundiales como Raymond Kurzweil y Ramón López de Mántaras. Este último dice que “en un plazo indefinido muy largo” podríamos tener una IA fuerte capaz de pensar como nosotros. 10, 20, 100 años… No lo sabemos seguro.

Lo que sí sabemos es que la inteligencia artificial llegó de la mano de matemáticos y se ha extendido gracias a fabricantes como Huawei. Además, sin que nos hayamos dado cuenta, la IA ha permeado en todos los sistemas y ha venido a cambiarlo todo, incluso la economía. Asumámoslo, nos toca convivir con las máquinas.