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Si se analizan los eventos políticos de 2018 a cualquier nivel de gobierno —municipal, autonómico, nacional o supranacional—, percibimos cómo aspectos como la automatización, la robotización o la inteligencia artificial no han tenido hueco en el discurso político. Y, sin embargo, son tecnologías o campos tecnológicos que van a cambiar por completo el mundo en el que vivimos.

En 2016, China tenía unos 68 robots por cada 10.000 habitantes y sectores de automatización que rondaban el 90%. Estados Unidos tenía por aquel entonces 189 robots por cada 10.000 habitantes, y Corea del Sur, 631. Esas cifras dan una idea de que la tecnología está generando nuevos puestos de trabajo y desplazando (rápidamente) otros tantos ya existentes.

¿Por qué (aún) no hablan de ello nuestros políticos? ¿Cuánto falta para que sea trending topic en el senado? ¿Están los gobiernos preparados para la IA? Es más, ¿podemos reemplazar parte de las funciones de nuestros políticos por algoritmos capaces que les ayuden a hacer su trabajo? Aunque suene futurista, estamos en proceso.

La inteligencia artificial será una fuerza disruptiva

Hemos hablado en este espacio sobre cómo la inteligencia artificial cambiará la economía, o cómo ya lo está haciendo. Actualmente, asistimos a la penetración cada vez más presente en nuestras vidas de esta tecnología. Desde las búsquedas en Google a la navegación por GPS o las conversaciones con algunas marcas, nos estamos acostumbrando a interactuar con la IA.

Esto ya es frecuente en terminales móviles como el Huawei P20, gracias al cual somos capaces de hacer fotografías de mayor calidad o de traducir conversaciones a varios idiomas en tiempo real y sin necesidad de una conexión a internet. Marcas como Huawei focalizan buena parte de sus esfuerzos en una carrera largoplacista por el futuro mercado de la IA, que ya empieza a consolidarse.

A menudo, la inteligencia artificial está oculta tras varias capas de código y una visual que nada se parece al concepto robotizado que entendemos por IA. Nada de estilizados androides como C-3PO o inteligencia artificial dura como la de JARVIS. Además, muchas de las “tareas” que hoy desempeñan estas inteligencias son de nuevo cuño: no existían antes que ellas y, por tanto, no han desplazado puestos de trabajo. Quizá por eso se habla poco de ellas en altas instancias: es parcialmente invisible y ubicua.

Sin embargo, el potencial de cambio social que tiene esta tecnología no se parece a ninguna otra del pasado. Su aplicación en la movilidad, por ejemplo, salvará 1.200 millones de vidas al año en accidentes de tráfico, a la vez que hará que la profesión de conductor desaparezca en unas décadas.

También cambiará la automoción, que vira a un modelo de negocio que pasa de la fabricación a los servicios, así como la mecánica de las aseguradoras, los despachos de abogados orientados a pleitos de movilidad, las estaciones de servicio, el negocio eléctrico, nuestras relaciones sociales y un largo etcétera. Todo esto requerirá que los gobiernos tomen cartas en el asunto para legalizar, conceder o priorizar algunos aspectos de la tecnología frente a otros.

La inteligencia artificial en la política

A pesar de que la política corre tras la tecnología —ha ocurrido siempre de este modo por su velocidad—, lo cierto es que la Unión Europea, a través del Parlamento Europeo, trata de adaptarse a los nuevos tiempos. La IA va a cambiarlo todo, desde los sistemas de salud a la manera de entender las necesidades humanas.

Grandes compañías como Huawei trabajan desde hace tiempo investigando nuevas formas de adaptar la educación a los nuevos tiempos. ¿Cómo atendemos la educación de un número creciente de alumnos que buscan clases personalizadas en base a su nivel? ¿Y cómo lo hacemos con calidad? Además, todo esto hay que legislarlo en base al conocimiento científico.

Este último punto es clave, y en España se ha logrado en 2018 uno de los proyectos más importantes a nivel político, con el nacimiento de Ciencia en el Parlamento. Ahora, los políticos podrán orientar sus decisiones, votos y propuestas en base no solo a la evidencia científica, sino también a los grandes cambios que distintos sectores tecnológicos prevén en sus mercados. La IA es uno de ellos.

Este tipo de proyectos son relevantes porque tecnologías como la inteligencia artificial van a tener impacto en un gran volumen de sectores de actividad, si no en todos. Dado que no se puede legislar ignorando este hecho y sus tendencias, lo ideal es que los diputados, parlamentarios y gobernantes estén informados por fuentes fiables. Los ciudadanos, también, como veremos más abajo.

Si realizamos una búsqueda por artificial intelligence en la web del Parlamento Europeo encontramos un gran número de artículos, propuestas e informes relacionados con el tema. Por ejemplo, se podrá leer el proyecto de informe que presentó Mady Delvaux sobre normas de derecho civil sobre robótica. Sin duda, parece que se están dando los primeros pasos, pero, ¿cómo llega esto a los ciudadanos?

IA para ciudadanos: ¿se puede automatizar a los políticos?

César Hidalgo, físico, emprendedor y profesor asociado al MIT, se ha especializado durante años en el tratamiento de datos a nivel de gobierno. Esta año ha dado una charla TED, en la que se ha hecho eco de la posibilidad de automatizar a los políticos, o al menos hacer que parte de sus funciones caigan del lado de la inteligencia artificial. ¿Es esto posible? ¿Hemos llegado a este punto de desarrollo IA?

Automatizar a los políticos no es como mejorar Photoshop, y muchos lectores pueden pensar que algo así en 2018 es una locura. Sin embargo, un año antes, Nick Gerritsen presentaba al mundo a SAM, que quizá sea el primer político virtual capaz de responder a la ciudadanía. Incluso espera lanzarlo como candidato político en 2020, tras un laborioso esfuerzo para mejorar su motor.

Como cualquier chatbot, SAM aprende de las interacciones con otros usuarios y requiere de una enorme cantidad de datos para operar con normalidad. Aún se pierde en conversaciones complejas y de momento no pasa de herramienta curiosa, pero en un par de años podría operar con la normalidad de un chat autónomo en una tienda de ropa. Con la salvedad de que, en lugar de venderte un top, estará orientado a resolver las dudas políticas de la ciudadanía neozelandesa.

Hasta ahora, los políticos han usado plataformas como redes sociales o programas de televisión para explicar sus estrategias y planes de futuro, y es más que probable que en el futuro usen inteligencia artificial para dirigirse a la gente. De hecho, el Congreso de los Diputados acaba de anunciar que cambiará su web para hacerla accesible a los nuevos tiempos, priorizando transparencia y educación.

Como dice Nick Gerritsen, es posible que de aquí a un tiempo vayamos automatizando más y más tareas relativas al rol de los políticos. La inteligencia artificial ya ha demostrado sus posibilidades a la hora de copiar estilos novelísticos e incluso de realizar composiciones artísticas propias. También de leer y sintetizar documentos, conducir o llevar una pizzería al completo. ¿Por qué no iba a entrar en política?

Imágenes | iStock/sinonimas, iStock/SiberianArt, iStock/DorSteffen